El carácter ineludible del creyente

La literatura de sabiduría comprende los libros de Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y el Cantar de los cantares. Se la ha llamado así porque, en general, esta literatura contiene sabiduría que nos ayuda a entender enseñanzas acerca de Dios, el ser humano y el origen del bien y del mal, con las bendiciones y consecuencias de estas dos últimas realidades.

Hoy en día, dado el énfasis que hemos hecho en recordar al creyente que la salvación es un regalo dado por Dios a través de Su gracia, como ya mencionamos, y que la santificación es también un proceso impulsado por Su misma gracia, muchos han concluido que la idea de disciplinar a las personas en la vida cristiana es más bien un legalismo. Pero esa idea no es bíblica.

Si pensamos en cuál es el carácter que el cristiano debe exhibir, de inmediato viene a nuestra mente el carácter de Cristo: manso y humilde (Mat. 11:29), veraz (Mar. 12:14), fiel (Apoc. 3:14), justo (1 Jn. 3:7). Esa es nuestra meta. Pero esas cualidades no se desarrollan solo orando, sino en contacto con personas que ofenden nuestro orgullo y a quienes tenemos que perdonar; en medio de tentaciones que se prestan para que mintamos, pero donde Dios nos da la fortaleza para ser veraces; al atravesar situaciones en las que el pecado nos invitará a ser infieles, pero en las que oiremos el llamado de Dios a permanecer fieles; y en circunstancias en las que nosotros podríamos tomar decisiones que nos favorezcan, pero en las que Dios quiere que hagamos lo correcto aunque eso nos perjudique, como fue el caso de Jesús al ir a la cruz.

El entendimiento de la Palabra dado por el Espíritu Santo y el poder del mismo Espíritu capacitan al hijo de Dios para mover su voluntad y cultivar el fruto del Espíritu, que nos lleva a poner en práctica las virtudes llamadas cardinales, además de las virtudes teológicas mencionadas más arriba.

La palabra sabiduría aparece 23 veces en el libro Job, 8 veces en los Salmos, 25 veces en Eclesiastés y 45 veces en Proverbios. Estos números variarán de acuerdo a la traducción de las Escrituras que estemos usando, pero nos dan una idea de qué tan recurrentes son estos dos temas, integridad y sabiduría, en la literatura de sabiduría.

¿Implica la palabra intachable que alguien está sin pecado? ¡Claro que no!, porque esa característica solo le pertenece a Dios y como hombre a Jesús, el Dios hecho hombre. Pero una persona intachable, a la luz de la literatura de sabiduría, es una persona con un buen testimonio, alguien que no es reconocido por tener un carácter pecaminoso, aunque sí posee una naturaleza caída.

El que anda en integridad es veraz en lo más íntimo de su ser, allí donde nadie lo puede ver; él es la misma persona en público y en privado. Lo que dice con palabras es lo que él ha estado pensando en su mente, y frente Dios. Esa es la persona de integridad de acuerdo a la literatura de sabiduría.

Por tanto, la falta de integridad hace que nuestras oraciones no sean escuchadas, impide que Dios pueda usarnos, lleva a Dios a remover Su protección de nuestras vidas (por lo menos de manera parcial) y no nos permite disfrutar la presencia de Dios como Él quisiera dárnosla simplemente por nuestro caminar no íntegro.

He ahí una característica de cómo el salmista ve la integridad: alguien que anda en verdad hasta el punto de pedir a Dios que escudriñe todo su ser, su mente y su corazón. Obviamente, si Dios examinara a esa persona, no la encontraría libre de pecado, pero sí encontraría una coherencia (no perfecta) entre sus palabras y su obrar.

No podemos pasar un legado a la próxima generación si nosotros mismos no hemos forjado nuestro carácter. Las opiniones no pasan a la próxima generación: ellas mueren con nosotros. Solo las convicciones que moldean el carácter son capaces de hacer eso.

Un fragmento del libro Vivir con Integridad & Sabiduría (B&H Español)

 

Autor: Pastor Miguel Nuñez / Escritor de B&H ESPAÑOL

  • 09.02.2019
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