Editorial Revista Noviembre – Diciembre

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La reverencia para Dios se basa también en el conocimiento de la redención. La maravilla de todo lo que él hizo para obtener nuestra salvación nos motiva a respetarlo por sobre todas las cosas.

En primer lugar, rescatarnos del pecado le costó a Dios un precio infinito: la sangre de Cristo, que simboliza que nuestro Señor tuvo que morir. Es un precio mucho más alto que el oro. Jesucristo es el cumplimiento perfecto de la figura del cordero que era inmolado en el Antiguo Testamento. Es el único humano que no tuvo pecado y por eso, su sacrificio por nosotros fue aceptable y efectivo. “Llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (1 Pedro 2:24).

En los tiempos bíblicos, muchas personas que vivían en el Imperio Romano eran esclavos; sólo podían lograr su libertad si alguien pagaba el precio estipulado a su amo. Algunas veces el mismo esclavo ahorraba todo lo que podía para comprar su libertad. Se sabe de casos en que junto con su amo, iba al templo pagano donde un sacerdote había guardado los ahorros y pagaba a su dueño. En un acto solemne, el precio era entregado y el esclavo quedaba libre.

El humano nunca puede comprar su libertad porque es pecador. Cristo es el cordero sin mancha, el único sacrificio eficaz por el cual el hombre puede ser librado de la esclavitud.

¡Este sacrificio hecho en nuestro favor debe motivarnos a reverenciar y obedecer a nuestro Padre!

 

Adriana Carvajal