El gran secreto

El término griego que Pablo está usando ahí es mysterion, con una cobertura léxica que incluye la noción de «secreto». En la Biblia, este término no se aplica a un conocimiento esotérico, del que solo participan los iniciados, sino a un hecho verdaderamente prodigioso y a algo que se sale fuera de lo normal, una verdad no buscada que Dios da a conocer a través de su Espíritu.

En otros textos, Pablo utiliza este mismo término en referencia a otras revelaciones relativas al propósito de la obra de salvación de Dios, según lo encontramos en el evangelio. Pero, de forma más concreta y sorprendente, en Efesios 5 Pablo aplica este término al matrimonio. En el versículo 31 de ese capítulo, cita el versículo final del relato de Génesis, que presenta el primer matrimonio de la creación: «Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo». A lo que añade, acto seguido, ese mega-mysterion (v. 32; ‘verdad extraordinaria, grande y profunda que únicamente puede entenderse con la ayuda del Espíritu de Dios’).

Ahora bien, ¿en qué consiste ese secreto relativo al matrimonio? Y ahí es donde Pablo traza un paralelismo tan sorprendente como cautivador, «digo esto respecto de Cristo y de la iglesia», en clara referencia a su enunciado en el v. 25: «Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella…». En esencia, pues, ese «secreto» no tiene tan solo que ver con el matrimonio como tal. Se trata de que los maridos han de hacer por sus esposas lo que Jesús hizo para establecer un vínculo con nosotros. ¿En qué consiste eso exactamente?

Jesús se entregó por nosotros. Jesús el Hijo, aun siendo igual al Padre, renunció a Su gloria, asumiendo nuestra naturaleza humana (Fil. 2:5). Y, más aún, fue a la cruz por propia voluntad, pagó la culpa de nuestras transgresiones y pecados, y quitó nuestra culpa y condena para que podamos estar unidos a Él (Rom. 6:5) y participar por ello de Su misma naturaleza (2 Ped. 1:4). Cristo renunció a Su gloria y poder, haciéndose siervo por nosotros. Ante puso nuestros intereses a los suyos (Rom. 15:1-3). Su sacrificio hizo posible la unión que ahora podemos tener con Él.

Ahí radica la clave de cómo ha de entenderse y vivirse el matrimonio, relación que establece el nexo de unión entre el matrimonio en Génesis 2 y la realidad de la unión de Cristo con Su iglesia. Disponemos, por ello, de un poderoso argumento ante la objeción que ve en el matrimonio algo opresivo y obsoleto. En Filipenses 2, Pablo dice que el Hijo de Dios no se aferró a Su condición de ser igual al Padre, sino que Su grandeza se hizo patente en Su disposición de servir al Padre. Sufrió la cruz, pero el Padre le levantó de entre los muertos.

Pero no debemos detenernos ahí. En Efesios 5, Pablo llama nuestra atención sobre el hecho de que Jesús nunca hizo uso de Su poder para opresión, sino que se sacrificó hasta lo último para que podamos llegar a alcanzar la unión con Él. Eso es algo que nos lleva más allá del ámbito filosófico, para situarnos de pleno en el terreno de lo práctico y lo personal.

Si en los planes de Dios, el evangelio hubiera sido únicamente para salvación en Jesús, el matrimonio exclusivamente «funcionaría» en la medida en que nos aproximara al modelo del amor en la entrega de Dios en Cristo. Pero lo que Pablo dice no solo da respuesta a las objeciones al matrimonio como institución opresiva y restrictiva, sino que da forma y expresión a las abrumadoras demandas del matrimonio.

Pero hay tanto que hacer, que no sabemos siquiera por dónde empezar. Y es justamente ahí cuando Pablo nos dice: «Empiecen por lo básico pero fundamental, amando a su esposa como Dios nos ha amado en Jesús, y todo lo demás vendrá por añadidura». Ese es el verdadero secreto, que el evangelio de Jesús y la institución del matrimonio están mutuamente relacionados. Al crear Dios a la pareja, ya tenía en mente la obra salvadora de Cristo.

Un fragmento de El verdadero significado del matrimonio (B&H Español)

Autor: Timothy Keller / Pastor de Redeemer Presbyterian Church

  • 06.06.2018
  • Consejería