Hilando fino

Éxodo 35:25-26 dice: 25 además todas las mujeres sabias de corazón hilaban con sus manos, y traían lo que habían hilado: azul, púrpura, carmesí o lino fino. 26 Y todas las mujeres cuyo corazón las impulsó en sabiduría hilaron pelo de cabra.

Captura mi atención el proceso de hilar. En el contexto histórico esta técnica data de miles de años y en el contexto cultural en la palabra presenta a la mujer hebrea como la destinada a este menester. Dice la palabra que eran las mujeres sabias de corazón las que hilaban con sus manos.

Ahora bien, adentrémonos en una analogía perfecta para presentar la relación del hilado y la de la mano de Dios en nuestra vida. La hebra por sí sola es débil, de poca utilidad y muy liviana. Sin embargo, en cohesión con otras hebras es de gran potencial.

En el proceso de hilar se toman varias hebras y simultáneamente son torcidas formando una larga cuerda de hilo fuerte y uniforme que finalmente producirá un fin determinado como textil de hermosos colores. ¡Según los expertos de esta técnica la dirección del hilado y el torcido tendrá una influencia directa en la textura final del tejido!

Somos como esa débil hebra; sola parece ser insignificante y de poca finalidad, pero en las manos de Dios comenzamos a experimentar la fortaleza y propósito. En muchas ocasiones sentimos ese torcido del Señor que inicialmente nos incomoda porque nos conduce a una dirección distinta a la que deseamos. ¡El Señor hila fino en nuestras vidas! teniendo el cuidado y perspectiva de lo que seremos al final de ese proceso. Ese torcido nos hará más fuerte, seremos una larga cuerda de testimonios y sabiduría.

Santiago 3:17 nos muestra las cualidades de la sabiduría otorgada por Dios. “En cambio, la sabiduría que desciende del cielo es ante todo pura, y además pacífica, bondadosa, dócil, llena de compasión y de buenos frutos, imparcial y sincera.” Para llegar a ese punto dentro de nuestra condición humana se hace necesario dejarse torcer por Dios.

Dios que todo lo sabe y que todo lo prevé, ya vio en nosotros una potencial pieza de hermosos colores; pero será necesario torcer nuestros hilos en la dirección correcta para que lleguemos a la perfección que ya Él vió.

¡Sin esos torcidos sería imposible obtener hilos espirituales que sean resistentes a la tensión y difíciles a que se quiebren! Cuando Dios hila fino en nuestras vidas deposita sabiduría que debe ser puesta en el trabajo de su obra, es decir, convertirnos en grandes hilares espirituales dispuestos a llevar la palabra y recibir esas hebras débiles para que sean parte de nuestros hermosos textiles de colores brillantes.

Autora: Ruth López

  • 15.08.2018
  • Consejería