Las aflicciones en la agenda de Dios

Ningún creyente está exento de pasar por momentos difíciles. Nadie puede escapar de atravesar crisis o circunstancias dolorosas.

En la palabra de Dios encontramos ejemplos de personas que vivieron aflicciones drásticas y hombres que pasaron por situaciones muy lamentables.

Job, un hombre con todas las cualidades para disfrutar el éxito, se vio envuelto en el dolor, la desesperación y las pérdidas más inimaginables. Siendo recto, temeroso de Dios y apartado del mal, sufrió como jamás hubiera imaginado: Perdió todas sus posesiones, propiedades, ganado, sirvientes e hijos. Poco después, también perdió la salud y la armonía que tenía con su mujer. Su reputación se acabó. Y cuando la gente de su entorno se enteró de todas las calamidades que azotaban su vida, pensaron que ocultaba algo pecaminoso y que por ello le había sobrevenido todo este mal.

1. La reacción de Job fue admirable. Cuando parecía que nada tenía remedio y aunque no comprendía la causa de sus problemas; nunca maldijo a Dios ni le atribuyó despropósito alguno.

Job fue un creyente de íntima comunión con Dios. Su fe crecía día a día al cultivar su relación personal con el Señor. Poseía un conocimiento del poder del Todopoderoso, de manera que dijo: Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios (Job 19:25–26).

2. Job recordó la fidelidad de Dios. En medio de la aflicción recordemos la fidelidad de Dios. Aprendamos a depender de Él y no olvidemos su bondad. Es allí, en la aflicción, donde experimentaremos su fortaleza y veremos su respuesta.

3. Job fue recompensado por su fe. Al sostener la esperanza de un Dios verdadero. Entre más difícil sea la prueba, se requiere mayor calidad de fe. Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job (Job 42:10).

Ninguno de nosotros desea pasar por la aflicción. Pero si en la agenda de Dios está fechada. Caminemos tomados de su mano, guardando sus promesas en el corazón y fortalecidos por la fe en su fidelidad.

Cuidemos de no perder nuestra fe. Mantengamos firme nuestra esperanza. Y recordemos el carácter de Dios. Él tiene cuidado de todas las cosas y nos librará de todo mal.

 

Autora: Adriana Carvajal / Directora Revista Lux Dei

  • 15.04.2019
  • Editorial