El pecado más sutil

Hemos crecido con la convicción de que las mujeres tenemos la capacidad de hacerlo todo. Y sí bien es cierto que ser dedicada y cumplir ciertos compromisos no está mal, el peligro llega cuando esas ocupaciones nos envuelven y se convierten en prioridad. Por lo general, no es algo que decides. El día a día va llenando la agenda, nos va cargando y nos abruma. Es como esa bola de nieve que, una vez comienza, es muy difícil detener.

Oriali Arroyo / Comunicadoras Hispanas

Alguien mencionó el afanarse como un “pecado sutil” por su capacidad de ir aniquilando la fe sin que podamos percibirlo. Ese enemigo silente se aprovecha poco a poco de nuestro tiempo, nos provoca estrés, nos hace infelices y, peor aún, nos separa de Dios.

Eso fue justo lo que sucedió con Marta al recibir a Jesús. ¡Tuvo la maravillosa oportunidad de tenerlo en su casa! Sin embargo, estaba tan abrumada organizando y sirviendo que olvidó lo más importante; apartar tiempo para compartir con Él.
Marta se molestó cuando vio a su hermana María sentada escuchándolo hablar y le pidió a Jesús que le reclamara para que le ayudara. Para su sorpresa, Jesús le respondió: “Afanada y turbada estás con muchas cosas. Pero sólo una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lucas 10:41-42).

Procuremos que los afanes no se adueñen de nuestro tiempo y nos quiten lo más valioso. Así que, mañana, cuando organices tu agenda, procura que lo primero en la lista sea pasar tiempo con Dios.

El afán tiene la capacidad de ir aniquilando la fe sin que podamos percibirlo.

Ese enemigo silente se aprovecha poco a poco de nuestro tiempo, nos provoca estrés, nos hace infelices y, peor aún, nos separa de Dios.

Autora: Oriali Arroyo / Comunicadoras Hispanas

  • 09.02.2019
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