Regalos de honor para Dios

La adoración es el dulce y exquisito aroma fragante que acompaña la vida de quienes hemos conocido a Dios. Significa  “regalarnos” a nuestro Padre Celestial; ofrecernos en sacrificio vivo de amor a Él de manera voluntaria y en un espíritu de absoluta rendición. No se trata solo de cantar y danzar, sino de nuestra manera de vivir. Es entender que sencillamente fuimos creados para su total deleite y placer.

¿Alguna vez pensaste en regalarle algo a alguien que consideras que lo tiene todo? ¡Qué difícil resulta eso! Cualquier cosa que quisieras obsequiarle pareciera no estar a su nivel. Si pensamos en regalarle algo al Dios Todopoderoso pareciera muy difícil encontrar la respuesta, pero no lo es, porque Él se deleita en aquellos que lo adoran con corazón humilde.

Regalos inaceptables 

¿Por qué un obsequio se volvería inaceptable para el Señor? La primera razón es porque no es lo mejor que podemos dar, no nos representa un costo, ni un sacrificio. Si no tiene valor para ti, tampoco lo tendrá para nuestro Padre Celestial. Observamos en la Biblia que en el pueblo cristiano existieron generaciones que querían obsequiarle a Dios algo digno, pero lo hicieron de una manera tan equivocada que esos regalos en lugar de honrarlo, terminaron deshonrándolo.

“Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos.
Ahora, pues, orad por el favor de Dios, para que tenga piedad de nosotros. Pero ¿cómo podéis agradarle, si hacéis estas cosas? dice Jehová de los ejércitos.”
Malaquías 1:8-9

Ellos presentaron lo que les sobraba, lo dañado, lo que no podrían vender, la oveja tuerta o coja, esa fue la que pusieron ante el altar y consideraron que Dios no era tan digno como para darle lo mejor, es decir no se esforzaron en hacer algo excelente.

Durante muchos años he visto personas que con facilidad deciden no dar lo mejor de sus vidas a Dios, es fácil caer en la rutina de lo que hacemos para Él y poco a poco vamos menguando la calidad de nuestro servicio y la devoción con la que hacemos las cosas. Cuando perdemos la pasión y dejamos de dar con excelencia, hacemos que nuestros obsequios se vuelvan inaceptables para el Señor.

Cuida tu corazón

La Biblia nos enseña que Abel y Caín entregaron obsequios al Señor y fue la de Abel la que fue aceptada por Dios. Una de las razones para que la escritura diga que la ofrenda de Caín no agradó al Señor, es porque se trató simplemente de “una ofrenda”, mientras que la de Abel era la “grosura” de las ovejas, es decir, era “lo mejor”. Es importante destacar que Caín no tenía un corazón santo, sentía odio y envidia; ese estado en su interior se evidenció cuando Dios aceptó el ofrecimiento de su hermano, lo que le provocó ira.

Las circunstancias sólo demuestran lo que tenemos en nuestro interior, pero no originan maldad, este sentimiento entra a nuestras vidas cuando nos alejamos de Dios. Es importante cuidar no sólo el regalo, sino el estado del corazón donde se gesta. Nadie quiere cocinar en un recipiente sucio, ni poner un diamante en medio de la basura; no podemos adorar a Dios con un corazón impuro.

Para todos aquellos que buscamos darle al Rey de Reyes regalos de honor, les dejo el consejo del gran adorador, David, quien ofrece el ingrediente esencial que debe llevar un obsequio aceptable para Dios: “Porque no quieres tú sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. Salmo 51:16-17

Mientras procuramos vivir en humildad de corazón ante el Señor, y venir ante Él libres de soberbia y limpios de orgullo, con corazones sinceros y quebrantados, podemos estar seguros que nuestros regalos serán aceptados en los cielos como olor fragante, y sus bendiciones nos perseguirán y alcanzarán todos los días de nuestras vidas. Quien complace a Dios, siempre disfrutará de sus beneficios.

Autora: Zachiel López

  • 09.02.2019
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