Una invitación a aceptar el reto de vida

Decir: “Sí a la Vida”, es aceptar una invitación que viene directamente de parte de Dios. Con esta frase estás aceptando retos y desafíos. Es como cuando haces el pacto matrimonial y preguntan en el altar: ¿Prometes ser fiel ante la salud y la enfermedad? ¿Ante la pobreza o la riqueza? ¿Ante los buenos momentos, pero también ante la adversidad? ¿Prometes respetarla y amarla? Entonces mirando de frente a la persona que amas respondes: “Sí, acepto”, y esa es la frase del compromiso, ese es el sello del pacto.

Qué interesante comparación para poder comprender el compromiso que tenemos con la vida. Me fascina como la describe uno de mis cantautores favoritos: Marcos Yaroide cuando dice en una de sus canciones: “La vida es el regalo de Dios por el cual hay que agradecer haciendo el bien… La vida es el poder del amor que nos hace sentir mejor cuando amamos.”

Dios manifestó la vida en cada uno de nosotros. Cada vez que observes a tu alrededor la diversidad de colores de las flores, la majestuosidad y la sombra de los árboles, o cuando escuches el cantar de las aves, reconocerás lo maravillosa que es la vida y así comprenderás que la soledad no tiene cabida en nuestro andar, sino que la compañía estará contigo a donde quiera que vayas. “Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Juan 1: 3-4

Decir: “Sí a la Vida”, es luchar por lo eterno, es comprender que lo demás es pasajero.
Por eso cuando me presentaron la oportunidad de ser parte de esta iniciativa de comunicadoras hispanas, de inmediato acepte con un ¡Sí! Porque mi ser está definido en esta frase que hoy está corriendo por el mundo entero: “Sí a la Vida”.

Reto superado

Quisiera testificar sobre mi experiencia ante el reto de pertenecer a este grupo de mujeres que decidió defender la vida y alzar su voz. Experimenté lo que es tener una vida pendiendo en un hilo, y poco a poco observar que se va desvaneciendo por ser tan frágil; sin embargo, al mismo tiempo aprendí a aferrarme a ella y ver como ese hilo iba tomando forma en la mano de Dios. En medio de mi fragilidad me volví más fuerte.

Experimenté lo que en una canción dice el reconocido dúo de “Tercer cielo”: “La vida es polvo, puede esparcirse en un momento, nada trajiste, nada te llevarás, solo lo que había dentro”. Realmente esa es la vida, es la que fluye desde adentro y le da movimiento a lo demás.

Mi vida fue amenazada

Estuve a punto de perder la vida. Un diagnóstico, una enfermedad, una depresión, todos ellos representan una amenaza a tu propio ser. Me tocó reafirmar, responder, confirmar si realmente quería decir “Sí a la Vida”, o si al contrario mi decisión era de rendición y borrar o silenciar esa frase tan poderosa. Finalmente decidí luchar y esa determinación me llevó a levantarme y continuar. Comencé a disfrutar de lo que la vida tenía para mí, tomé el regalo en mis manos y lo abrí, lo puse en función.

Entendí que la vida vino envuelta con regalos, dones, porque la palabra “don” significa regalo. “Todo buen regalo y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación”. Santiago 1:17. La vida me dió un lenguaje de fe, de ánimo, de conciencia para impartirlo a otros. Me dió la oportunidad de compartir la noticia de la vida misma.

Yo decidí ser portavoz y decir: “Sí a la Vida”, y a todo lo que viene con ella, lo bueno y lo difícil, porque lo bueno me instruye, pero lo difícil me construye. Decidí alzar mi voz junto a otras voces de comunicadoras hispanas y lograr que este mensaje, que esta frase se convierta en un eco mundial y se escuche por doquier, una frase decisiva que le dice: “Sí a la Vida”.

Yanira Rodríguez

Pastora, coach, consejera y locutora

 

  • 18.12.2018
  • Reflexiones