El verdadero ministerio consiste en servir a los demás

Los discípulos de Jesús eran hombres jóvenes y competitivos. Me los imagino durante sus viajes, bromeando un montón, discutiendo sobre muchas cosas y maniobrando para conseguir la mejor posición. Un día, Jacobo y Juan dieron libre expresión a toda su naturaleza competitiva:

“Entonces Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, se le acercaron diciendo: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos. Él les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. . .Cuando lo oyeron los diez, comenzaron a enojarse contra Jacobo y contra Juan.” (Mar. 10:35-37,41).

¿Se ha fijado? Jacobo y Juan buscaban puestos altos, pedían ser los líderes espirituales números uno y dos, deseaban ser grandes en el reino de Dios. Fíjese también en que dejaron totalmente al margen a los otros diez discípulos. Cuando estos se enteraron no les hizo mucha gracia, ni tampoco a Jesús. A veces los líderes jóvenes piensan que el liderazgo cristiano tiene que ver con títulos y cargos (por cierto, a veces los líderes veteranos piensan también lo mismo). Suponen que el éxito se mide por el tamaño de su despacho, la cifra de su sueldo, el título escrito en su puerta y el número de gente que les rinde cuentas. Creen que los símbolos del éxito equivalen a la grandeza, pero se equivocan.

“Así que Jesús los llamó y les dijo: Como ustedes saben, los que se consideran jefes de las naciones oprimen a los súbditos, los altos oficiales abusan de su autoridad. Pero entre ustedes no debe ser así. Al contrario, el que quiera hacerse grande entre ustedes deberá ser su servidor, y el que quiera ser el primero deberá ser esclavo de todos.” (Mar. 10:42-44 NVI).

Advierta que Jesús dijo que la verdadera grandeza está en ser un «servidor» y un «esclavo ». Jesús deseaba que Sus jóvenes seguidores entendieran que, a diferencia de lo que ocurre en el mundo, en el liderazgo cristiano la medida del éxito la constituye el servicio, el estar dispuesto a ensuciarse con el fin de beneficiar a los demás.

El auténtico ministerio cristiano no consiste en tener subordinados y dedicarse a dar órdenes, sino en subordinarse a otros y levantar a los demás. No consiste en recibir, sino en dar. No consiste en ser servido, sino en servir y sacrificarse.

Por si las palabras de Jesús no fuesen suficientes, también quiso que considerásemos Su ejemplo. Al fin y al cabo, si el propio Jesús dejó Su posición exaltada para servir y sacrificarse por nosotros, ¿no deberíamos Sus discípulos hacer lo mismo?

“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mar. 10:45).

Jesús es Dios. Antes de venir a Belén, existió en el cielo por toda la eternidad. Como Dios, era el ser más rico y poderoso del universo, los ángeles le servían en todas Sus necesidades. Sin embargo, cuando vino a la tierra, no vino para ser servido, sino para servir, y no solo esto, sino que también vino a dar. Pero no vino a dar solo una cantidad razonable y moderada, vino a darlo todo: Dió Su propia vida con el fin de rescatarnos de nuestros pecados.

Más vale que entre en el ministerio con los ojos bien abiertos. Es verdad que servir a Jesús tiene sus momentos buenos y sus recompensas, pero a veces es principalmente trabajo duro. Puede llevarnos a soportar malentendidos, rechazo, opresión y persecución abierta. El verdadero ministerio suele alejarnos del confort y la comodidad y meternos en situaciones peligrosas: Consiste en servir sin importar las consecuencias. Pero independientemente de estas, al fin y al cabo servirle siempre vale la pena, ya que no hay nadie tan digno como Él.

Un fragmento de Ministerio es: Cómo servir a Jesús con pasión y confianza (B&H Español)

Autores: Dave Earley y Ben Gutiérrez

  • 06.06.2018
  • Edificación