¿Ayuda en mis luchas sexuales la gracia de Dios?

El regalo más precioso y valioso de Dios para nosotros entre lo que ya sucedió y lo que no ha llegado aún es el regalo de sí mismo. No nos promete una vida libre de luchas. No nos promete que no sufriremos. No nos promete que nuestra sexualidad estará libre de distorsión o tentaciones. No, nos promete que, en todas esas situaciones, estará con nosotros, en nosotros y a favor de nosotros. Dios es la gracia que nos ofrece.

Una de las definiciones más poderosas y concisas de la presencia y la gracia de Dios que jamás encontrarás está en Romanos 8. Está allí en el versículo 31: «Si Dios está de nuestra parte, ¿quién puede estar en contra nuestra?» ¿Dónde se puede encontrar esperanza para una vida saludable, piadosa y moralmente pura? Aquí tienes la respuesta en cinco maravillosas palabras: Dios está de nuestra parte. Permite que esto haga eco en tu mente: Dios está de nuestra parte. Permite que resuene en tu corazón: Dios está de nuestra parte.

Permite que modele tu manera de pensar sobre cómo vivir la sexualidad como Dios quiere en un mundo que lo ignora y que rechaza Su plan sabio y amoroso. Permite que estas palabras te alienten en medio de la confusión, los malos entendidos y la tentación. Permite que te den esperanza cuando te sientas derrotado por la tentación sexual. Nunca somos nosotros contra el gigante del seductor atractivo sexual, porque por la gracia divina, Dios realmente está de nuestra parte.

Romanos 8 no solo nos alerta sobre el mundo roto y sufriente en el cual vivimos, sino que nos señala la presencia de Dios con nosotros y la gracia que Él nos ofrece. Examinemos esta gracia.

1. La gracia de Dios suele ser una gracia incómoda (Rom. 8:18-25).

Las dificultades que enfrentamos aquí y ahora no son una señal de que Dios nos ha abandonado o se ha olvidado de nosotros. Él sabe dónde nos ha colocado. Nos ha puesto aquí porque Su objetivo no es nuestra comodidad, sino nuestro corazón. Es importante que abracemos la teología de la gracia incómoda, porque entre lo que ya sucedió y lo que todavía no llegó, la gracia de Dios llega a nosotros de maneras incómodas. Observa que, en la descripción del apóstol de nuestro mundo que gime, están las palabras «esperanza» y «redención». En las manos de nuestro Redentor, este mundo roto y sufriente se transforma en una herramienta de Su gracia transformadora, que refina y cambia nuestro corazón. Dios usa el caos sexual que nos rodea para poner en evidencia nuestro corazón errante. No, jamás nos tentará a pecar, pero usará el caos sexual de nuestro ambiente para llevarnos a seguirlo con mayor profundidad y consistencia. Él puede y está dispuesto a transformar lo que está roto y gime en una herramienta de Su gracia.

2. La gracia de Dios es una gracia que interviene (Rom. 8:26-27).

A veces, la batalla es tan grande, tan desalentadora y tan emocionalmente abrumadora que ni siquiera sabes cómo orar. Volviste a caer y te concentraste en aquello que Dios prohíbe, o usaste tu cuerpo para lo que Dios ha prohibido, y te sentiste derrotado. Este pasaje expresa que, en esos momentos, cuando la debilidad es tan grande y estás perturbado y confundido —tanto es así que no sabes cómo orar—, Dios no te da la espalda. No, todo lo contrario. El Espíritu Santo, que vive en tu interior, lleva tus gemidos indecibles en palabras de gracia al Padre. Él interviene por ti cuando ya no tienes fuerza ni la capacidad de intervenir por ti mismo.

3. La gracia de Dios es una gracia imparable (Rom. 8:28-30).

Un sin-número de personas me ha dicho en sesiones de consejería: «Creo que he caído demasiado lejos. Me parece que he querido hacer las cosas a mi manera demasiado, y a veces, creo que mi vida está en un estado tan deplorable porque Dios se ha dado por vencido conmigo». Es una mentira cruel del enemigo que Dios podría darse por vencido con uno de Sus hijos comprados con sangre. Como mi vida sexual pone en evidencia el corazón errante que tengo, necesito saber que el corazón de mi Redentor jamás, jamás perderá el rumbo. Esto es exactamente lo que nos dicen estos versículos, que Dios terminará sin duda la obra de gracia que ha comenzado en cada uno de nosotros. Su gracia nunca está en riesgo. Su gracia nunca está en peligro. Su gracia nunca queda vacante. Su gracia nunca vacila.

4.La gracia de Dios es una gracia que provee (Rom. 8:31-32).

Me encanta la lógica de estos versículos. Si Dios fue al extremo de dirigir fuerzas de la naturaleza y controlar los sucesos de la historia humana para que, justo en el momento adecuado, Su Hijo viniera y viviera, muriera la muerte que nos correspondía y resucitara, conquistando el pecado y la muerte, ¿qué sentido tendría que nos abandonara en el camino? La cruz es nuestra garantía de que, en todas nuestras luchas con el sexo, sin importar quién seamos ni cuáles sean esas luchas, Dios nos dará todo lo que necesitamos.

5. La gracia de Dios es una gracia inseparable (Rom. 8:33-39).

Por último, en caso de que quede cualquier duda sobre la presencia y la confiabilidad de la gracia divina, Pablo nos asegura que nunca encontraremos ni lucharemos con algo que tenga el poder de separarnos del amor de Aquel que nos bendice tan generosamente con Su presencia y Su gracia. Este mundo, con toda su distorsión, confusión y seducción sexuales, no puede separarte del amor de Dios. Tu momento más oscuro de divagación y derrota sexual no puede separarte del amor de Dios. Enorgullecerte en tu justicia independiente, cuando te adjudicas el mérito de lo que solo Dios puede producir, no puede separarte del amor de Dios. Su amor es eterno.

 

Paul David Tripp / Escritor de LifeWay

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