El nido vacío

Quisiera hablarte de eso que llaman “Nido Vacío” Ese momento cuando se van nuestros tesoros y el tiempo parece detenerse en los recuerdos vividos. El nido vacío llego así de repente y sin avisar. Nunca me eduque o mucho menos me prepare para este momento. Tome por sentado que eso no era la gran cosa. Sin embargo, llego y no estaba preparada. Mi niña más pequeña decidió irse legos a estudiar. Mi hogar se quedaba “vacío” ya no había niñas para llevar a la escuela, al cine, a las reuniones de jóvenes de la iglesia, que me ayudaran a limpiar, que fuéramos de tiendas, que compartiéramos un helado o una cena, que buscaran en mis prendas y en mis zapatos. Me quede sola, muy sola. El hogar comenzó a ser frio y callado disparando un ánimo de tristeza y miles preguntas sin contestar.

Este suceso tomo lugar muy pronto, tan solo yo tenía cuarenta y dos años de edad y no pensaba que nuestras hijas se fueran casi al mismo tiempo. No esperaba que pasara tan pronto como a los dieciocho años de mi niñita. Simplemente no me prepare para esto. Todo esto hizo que se desatara la crisis del “nido vacío”

El “nido vacío” no es otra cosa que una crisis que te hace vagar por la casa como que te arrancaron parte de ti. Una crisis que te lleva a recordar los momentos más hermosos de ser madre, ríes porque recuerdas el amor hermoso, la primera mirada, la primera sonrisa, la primera salida juntos (a), el primer diente, recordamos sus primeras palabras, el primer día de clases cuando lloramos más nosotras que ellos, recuerdas las primeras travesuras y sonríes de felicidad.

Lloramos cuando recordamos el día que dijo mamá, el día que nos prometieron “mami yo nunca te voy a dejar”, lloramos cuando recordamos su primera graduación y de repente se gradúa de escuela superior, lloramos cuando recordamos su comida favorita y quien se la cocinará ahora, lloramos cuando recordamos aquella navidad que con mil sacrificios le llegó lo más que querían y sus caritas de felicidad nos sacaron las lágrimas. En fin, es una crisis de mil emociones al mismo tiempo. Alegría, orgullo, soledad, tristeza y por supuesto vacío.

Sin embargo, mi Jesús se ha encargado de cambiar mi crisis en alegría, en preparación a otras etapas en la vida. Jesús me ha mostrado y enseñado que la tristeza aun en el “nido vacío” se puede cambiar por gozo.

He podido aprender a vivir amando a mis hijas más allá de las tristezas o la soledad, he aprendido a valorar y disfrutar las mujeres y hombres adultos que Dios ha formado de ellas/ ellos. He aprendido a ver el amor de Dios a través de sus vidas con su amor de hijas/ hijos, por medio de sus acciones de amabilidad, compasión y respeto a la humanidad. He aprendido a sentir orgullo por aquella crianza y formación que Dios me permitió darles. He aprendido a celebrar sus triunfos y a levantarlas en sus fracasos y siempre decir “Jesús en tus manos las entrego”.

Mi Jesús me ha impulsado a realizar y terminar mis estudios y seguir más allá. He aprendido con mi esposo que viajemos juntos descubriendo el mundo desde un punto de vista adulto y maduro. Dios me ha enseñado a disfrutar los momentos solos y en silencio conmigo misma. He aprendido a ir de compras con mi esposo o con una amiga, a compartir un helado, ayudarme a escoger zapatos, ropa, etc. He visto el mundo desde la amistad y el matrimonio valorando esos momentos como piedritas de oro para mi vida.

En fin, he aprendido a recordar la niñez de mis hijas con amor y alegría, a disfrutar su adultez con orgullo y respeto y esperar su futuro con espereza de que Cristo siempre lo hará mejor que yo. Mi canasta está llena, mi alma se regocija, mis hijas se superan, nuestro matrimonio se fortalece y la vida continúa con un nuevo ciclo cada día y con la oportunidad de siempre hacerlo mejor que ayer.

“La bendición del Señor trae riqueza, y nada se gana con preocuparse” Proverbios 10:22

¡Dios le Bendiga!

 

Janira Colon / Consejera Espiritual Mujeres Hispanas Latinas Presbiterianas USA 

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